Cada 4 de abril se celebra el Día Internacional de Información sobre el Peligro de las Minas y de Asistencia para las Actividades Relativas a las Minas.
Esta fecha, impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sirve para pedir por el fin de las minas antipersona. Se trata de artefactos explosivos utilizados en zonas de conflicto —diseñados para estallar al mínimo contacto— que se ocultan en la tierra con objetivos militares. Sin embargo, matan o hieren a cualquiera que las pise o esté en sus inmediaciones, tanto soldados como a civiles. Según datos de la ONU, en promedio una persona muere o resulta herida por un artefacto explosivo de este tipo cada hora.
La principal problemática radica en que las minas antipersona permanecen activas mucho tiempo después de su instalación, y aunque haya terminado el conflicto, pocas veces se desentierran. Por eso desde la ONU sostienen que la presencia de minas “amenaza vidas, restringe la libertad de movimiento, limita el acceso a la tierra, priva de derechos a las comunidades y, sobre todo, infunde miedo e inseguridad”.
En 1997, la ONU prohibió el despliegue de estos artefactos a través de la Convención de Ottawa. Pero su instalación continúa, y el organismo aprovecha la efeméride para llamar la atención sobre zonas donde esta contaminación es relativamente nueva ―como Ucrania, Colombia, Yemen o Myanmar―, y otras donde el problema es de larga data ―como Camboya, Irak o Vietnam―. Además, es un momento para conmemorar a los muertos y heridos por las minas terrestres, que —según datos de la ONU— ascienden a 143.000 personas entre 1999 y 2020.