“El Principito” andino: así sería el clásico de Saint-Exupéry si se ambientase en Bolivia

El fotógrafo y artista visual boliviano River Claure se nutre del imaginario aymara para crear una recontextualización (y traducción) de “El Principito” en el libro “Warawar Wawa”.


Solamente la Biblia y el Corán se tradujeron a más idiomas que El Principito. La novela del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry se transcribió a más de 300 lenguas, del kaqchikel guatemalteco al braille. No obstante, hasta hace poco, el aymara –lengua de los pueblos originarios de Bolivia– no estaba dentro de las 1.300 ediciones que suma Le Petit Prince (Reynal & Hitchcock, 1943) ni de los aproximadamente 140 millones de ejemplares que lleva vendidos en todo el mundo.

Warawar Wawa (Raya Editorial, 2020) –”Hijo de las Estrellas”, en idioma aymara– no es una traducción más de El Principito, sino una recontextualización de la novela que se nutre del imaginario andino contemporáneo. La historia de Saint-Exupéry se cuenta –gracias a los traductores Ruben Hilari Quispe y Martin Canaviri Mamani– en una de las lenguas indígenas más vivas de América del Sur, y se representa mediante las subversivas imágenes del artista River Claure (Cochabamba, Bolivia, 1997), piedra angular de este extraordinario fotolibro. “Este proyecto revaloriza la lengua aymara y sirve como documento de conservación de la misma. No en forma de un documento académico, sino como un proyecto de arte”, defiende el autor de Warawar Wawa.

River Claure es fotógrafo, diseñador y artista visual. Claure cuenta con una de las miradas más prometedoras del panorama fotográfico sudamericano e internacional. En 2020, fue seleccionado para la revisión de portfolios del New York Times, acaba de ser premiado con el Genesis Imaging del festival Format (Reino Unido) y es uno de los cuatro ganadores de las decimoquinta edición del festival vasco Getxo Photo. Además, este año, Claure está realizando una residencia artística en España ya que la escuela EFTI le concedió la Beca Internacional de Fotografía XVIII Roberto Villagraz.

Ch’ixi
El Principito andino camina por el salar de Uyuni y lleva una camiseta del F. C. Barcelona. Algunos de los habitantes del particular universo recreado por Claure son indígenas con resistencias en el rostro, que miran al Inti –Sol, para muchas culturas andinas– mediante anteojos de realidad virtual. Patatas, cactus, ganado, lagos y montañas: son algunos de los elementos que construyen el entorno de Warawar Wawa. “No hago este proyecto para dar a conocer la cultura andina, sino para generar un cuerpo de imágenes que sean un quiebre en la manera de representar a esta parte de Bolivia a través de los años. Esa mirada tan colonial y esa relación de poder que las imágenes siempre han tenido con la fotografía”, destaca el fotógrafo River Claure.

Antes de disparar, Claure dibujó todo lo que quería crear para su recontextualización de Le Petit Prince. Estos bocetos, como en la obra original de Saint-Exupéry, forman parte de Warawar Wawa. En los trazos de Claure se puede ver cómo fabricó algunas de las ideas que finalmente se llevaron a cabo. Por ejemplo, luchadoras cholitas con rosas en sus trenzas. O la Virgen del Cerro, patrona de los mineros, saliendo de la tierra. Estas son algunas de las creaciones visuales con las que el artista boliviano pretende dejar a un lado las imágenes “folclorizantes” que encontró un día en Google cuando decidió buscar Bolivia.

Para huir de la homogeneidad, Claure, nieto de emigrantes del campo a la ciudad, visibiliza la identidad híbrida de los pueblos originarios de los Andes atravesados por la influencia de Occidente. “Es preciso hablar de la heterogeneidad porque actualmente, en todos los continentes, vivimos tiempos polarizados, tratando de definir la política, cultura, representación, género, etc. Es necesario plantear matices en todos los discursos”, opina el creador de Warawar Wawa. “Es un proyecto en el que trato de situar mi propia identidad, mezclada, mixta, manchada por un lado y por el otro”, añade.

Chi’xi significa gris en lengua aymara. En los tejidos realizados por los pueblos andinos se utiliza el término chi’xi cuando se busca conseguir un color a base de tejer hilos de diferentes tonalidades. Esta yuxtaposición, este mestizaje, también es chi’xi. Silvia Rivera Cusicanqui (La Paz, 1949), socióloga de raíces aymaras, determinó que “existen, enfáticamente, las entidades chi´xis, que son poderosas porque son indeterminadas, porque no son blancas ni negras, son las dos cosas a la vez”.

El hijo de las estrellas
No solo la cordillera de los Andes dibuja los escenarios de Warawar Wawa. El Alto de La Paz, la Isla del sol, el lago Titicaca, desiertos y salares forman visualmente los mundos de la traducción al aymara de El Principito.

“La cultura aymara no se encuentra solamente, y como normalmente se piensa, en las montañas de los Andes o en comunidades aisladas. Puedo decir que crece en la ciudad, siempre he estado cerca de esta cultura. Mis abuelos de parte materna migraron en los setenta de una comunidad de los Andes llamada Calacota hacia la ciudad. Desde muy pequeño crecí consciente de dónde provenía mi familia. Mi relación con mis abuelos fue buena. Sin embargo, el idioma se dejó de hablar en la generación de mis padres”, cuenta Claure.

Desde hace unas semanas, River Claure está residiendo en la ciudad de Madrid. El fotógrafo se encuentra inmerso en un nuevo proyecto cuyo eje principal es la minería realizada en su país natal. Paralelamente, Claure está gestionando poder llevar su libro Warawar Wawa a las escuelas primarias de los Andes bolivianos. “Es toda la intención y es donde se cierra el círculo del proyecto”, confiesa el artista visual de Cochabamba.

Fuente: eldiarioar

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