Francia se convirtió este sábado en el escenario de una masiva rebelión social con batallas campales, edificios en llamas y más de 270 detenidos, en una jornada donde la indignación por el costo de vida y el colapso del estado de bienestar unió a estudiantes, «chalecos amarillos», sindicatos y sectores de extrema izquierda. Mientras las principales ciudades del país se cubren de gases lacrimógenos ante la creciente furia popular, la violencia incontrolada y las severas pérdidas mutilantes en las marchas acorralan al gobierno de Emmanuel Macron y reavivan el fantasma de un estallido histórico capaz de cambiar el rumbo político de la nación.

Decenas de miles de personas marcharon este sábado en distintas ciudades de Francia. Las protestas responden al constante aumento de precios y al deterioro del sistema social. La policía lanzó gases lacrimógenos y se enfrentó a los manifestantes en varios puntos.
La movilización más numerosa tuvo lugar en París. El movimiento comenzó el mes pasado en escuelas del norte de la capital. Los reclamos iniciales por falta de docentes crecieron hasta convertirse en una protesta nacional contra la desigualdad.
Diversos sectores sociales se unieron a las mallas estudiantiles. Entre los participantes se destacan los chalecos amarillos, sindicatos, obreros y grupos de jóvenes. Durante la jornada, las autoridades confirmaron más de 270 detenciones en todo el país.
Disturbios, incendios y choques con la policía en el interior
La violencia escaló con fuerza en ciudades importantes. En Marsella, grupos de personas enmascaradas causaron destrozos en una comisaría. En Saint-Étienne, un manifestante sufrió la amputación de una mano durante los enfrentamientos.
En el centro de Lyon, manifestantes encapuchados atacaron e incendiaron la oficina de turismo. La policía usó granadas de dispersión y gases para desmantelar los bloqueos. Esas maniobras impidieron la llegada rápida de los bomberos al lugar.
El aire en las arterias comerciales se volvió irrespirable por el humo. Los manifestantes corrieron por las calles entre explosiones y sirenas de emergencia. Muchos jóvenes ratificaron su decisión de continuar las marchas pese a los riesgos.
Las reacciones políticas y la postura del gobierno de Macron
Las respuestas del arco político no tardaron en llegar. Marine Le Pen acusó a sectores violentos de arruinar las marchas. La dirigente de extrema derecha afirmó que la extrema izquierda busca sumir al país en el caos.
Por su parte, Jean-Luc Mélenchon defendió el desarrollo de las concentraciones. El líder de La Francia Insumisa respaldó las demandas juveniles y exigió fijar un tope al precio del combustible.
El presidente Emmanuel Macron pidió mantener la calma y respetar las normas urbanas. Desde la Prefectura de París ratificaron que la policía actuará con firmeza ante cualquier ataque a las fuerzas de seguridad.
Un escenario de descontento que pone a prueba al país
El malestar social abarca a múltiples sectores productivos. Agricultores amenazan con marchas de tractores y los taxistas bloquean accesos a los aeropuertos. El reclamo refleja un descontento generalizado frente a la inflación y la crisis económica.
Analistas internacionales comparan estas movilizaciones con momentos históricos de cambio social. El desgaste del gobierno centrista y la desilusión política profundizan el conflicto en las calles.
El Ministerio del Interior convocó a una reunión de emergencia con referentes de Justicia. Las autoridades buscan coordinar acciones para frenar los disturbios en las próximas jornadas.





