La industria manufacturera argentina atraviesa un inicio de año crítico, marcando su peor registro de actividad desde la salida de la crisis de 2002. Según el último informe del INDEC, la utilización de la capacidad instalada (UCII) se desplomó al 53,6% en enero de 2026, lo que representa un retroceso frente al 55,0% registrado en el mismo mes del año anterior. Esta parálisis refleja un enfriamiento que golpea especialmente a los sectores que dependen del consumo interno.
El desplome más alarmante se observa en la industria textil, que operó a niveles de subsistencia con apenas un 23,7% de su capacidad instalada. La caída es drástica si se compara con el 33,9% de enero de 2025, una dinámica impulsada principalmente por el derrumbe en la fabricación de tejidos y el acabado de productos. Este sector, sensible a la caída del poder adquisitivo, lidera el ranking de la inactividad fabril en el arranque del año.
La situación no es mejor para las terminales automotrices, que trabajaron al 24,0% de su potencial, quedando muy lejos del 34,8% del año pasado. De acuerdo a los datos oficiales, esta parálisis está directamente relacionada con la menor cantidad de unidades fabricadas, que sufrieron una disminución del 30,4% en su producción interanual. El freno en las plantas refleja tanto la caída de la demanda local como los desafíos del sector exportador.
Por su parte, la metalmecánica (excluida la automotriz) se ubicó en un 31,4%, afectada por el desplome en rubros clave vinculados al campo y el hogar. El informe del INDEC reveló una caída del 32,1% en la fabricación de maquinaria agropecuaria y del 35,8% en aparatos de uso doméstico, como heladeras o lavarropas. Según el análisis sectorial, estos rubros están atravesados de manera directa por los efectos de la apertura comercial y la competencia externa.
En contraste, la actividad económica muestra una fuerte dualidad, con niveles de utilización elevados en energía y minería, pero críticos en el mercado interno. Mientras sectores como la refinación del petróleo alcanzaron el 86,8% y las industrias metálicas básicas el 67,6%, gracias a un crecimiento del 17,2% en la producción de acero crudo, el resto del entramado productivo nacional sigue operando a media máquina, confirmando el escenario de recesión industrial más profundo en décadas.




