Esta mañana, el papa Francisco llegó a Lisboa, donde lo esperan alrededor de un millón de peregrinos de todos los continentes, para participar en la XXXVII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) inaugurada ayer, 1 de agosto, y donde permanecerá hasta el domingo 6.
El jesuita argentino, que hace dos meses se sometió a una importante operación en el abdomen, recorrió en silla de ruedas la pista de aterrizaje, donde fue recibido por el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y varias autoridades.

El estilo directo y espontáneo del pontífice le valió una fuerte popularidad entre los jóvenes, por lo que se espera que Jorge Bergoglio aborde en Lisboa temas importantes para esta generación, como la guerra en Ucrania, la ecología o la justicia social, en momentos en que la Iglesia católica enfrenta el desafío de la secularización en Europa.
«Lo queremos mucho porque nos transmite el amor que Dios tiene hacia nosotros. Creo que lo fundamental es el carisma que tiene», indicó Byron Santiago Chojolar, un peregrino de 26 años llegado desde Guatemala.
«La diferencia con otros papas es que es latinoamericano», valoró de su lado Samuel Namaver, un estudiante estadounidense de 17 años, que aguardaba también para verle. «Le gusta el contacto, bromear, hace muchas referencias de fútbol (…) Sabe cómo llegar a nuestros corazones», agregó.
La JMJ, considerada la mayor reunión internacional de católicos, fue creada en 1986 por iniciativa de Juan Pablo II y consiste en una serie de eventos festivos, culturales y espirituales.




