En el marco del Día Mundial del Corazón, los especialistas recuerdan que las enfermedades cardiovasculares raramente comienzan con un síntoma repentino. Por el contrario, los problemas cardíacos se gestan durante años y están relacionados con factores que pueden identificarse y modificarse a tiempo. La prevención adquiere un papel central para evitar eventos futuros y cuidar la salud desde etapas tempranas de la vida.

Etapas y hábitos para el cuidado del corazón
El abordaje preventivo se divide en varias etapas que van desde la infancia hasta la edad adulta:
- Prevención en la infancia: Incorporar hábitos saludables desde los primeros años de vida facilita que los niños adopten conductas naturales como consumir vegetales, reducir la sal y realizar actividad física.
- Estudios y controles: Los especialistas recomiendan realizar evaluaciones periódicas que incluyan la toma de presión arterial, análisis de laboratorio para controlar el colesterol y la glucemia, y chequeos médicos anuales a partir de los 40 años.
- Estilo de vida: Dormir adecuadamente, gestionar el estrés, evitar el tabaquismo y mantener una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea, reducen de forma significativa el riesgo cardiovascular.
Identificación de síntomas y actuación ante una emergencia
Reconocer las señales de alerta resulta fundamental, especialmente porque los síntomas pueden variar entre hombres y mujeres. Mientras que el dolor opresivo en el pecho es el signo más frecuente, las personas también pueden experimentar fatiga extrema, falta de aire, mareos o molestias en la mandíbula y la espalda.
Ante la sospecha de un infarto, los expertos aconsejan solicitar ayuda médica de inmediato llamando al servicio de emergencias, mantener a la persona en reposo y evitar traslados apresurados que generen un desgaste físico innecesario.
Diez hábitos que pueden marcar una diferencia
- Caminar más todos los días, buscando acumular movimiento además del ejercicio formal.
- Interrumpir el tiempo sentado cada 30–60 minutos, aunque sea con unos minutos de movimiento.
- Realizar actividad física regularmente, combinando ejercicio aeróbico y fortalecimiento muscular según la edad y condición clínica.
- No fumar ni vapear y evitar la exposición habitual al humo de tabaco.
- Priorizar una alimentación de patrón mediterráneo, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva.
- Dormir bien y con horarios regulares, procurando suficiente descanso y tratando los trastornos del sueño cuando existen.
- Conocer la propia presión arterial, porque la hipertensión puede permanecer asintomática durante años, desmitificando la frase “siempre fui de presión baja”.
- Controlar colesterol y glucemia y tratarlos adecuadamente cuando están elevados.
- Incorporar momentos reales de recuperación del estrés: actividad física, vínculos sociales, pausas activas, respiración consciente y espacios sin trabajo ni pantallas.
- Realizar controles médicos periódicos, adaptados a la edad, antecedentes y factores de riesgo.




