Un estudio científico confirmó por primera vez la presencia de una microalga vinculada a la ciguatera en Cuba. La investigación analizó muestras recogidas en dos puntos del litoral habanero.

La especie identificada es Gambierdiscus australes. Este registro también constituye la primera confirmación formal de dicho organismo en aguas del mar Caribe.
El trabajo se publicó en la revista científica ACS Environmental Au. Los especialistas examinaron microorganismos obtenidos en Playa de 26 y Reparto Flores, al oeste de La Habana. Las muestras se recolectaron el 18 de junio de 2024, a profundidades de entre ocho y diez metros.
Seis especies identificadas en La Habana
Los investigadores aislaron 35 cepas del género Gambierdiscus e identificaron seis especies diferentes. Gambierdiscus caribaeus resultó la más abundante, con 26 aislamientos estudiados.
El equipo también encontró G. carpenteri, G. carolinianus, G. belizeanus, G. silvae y G. australes. Esta última especie había sido documentada previamente en zonas como el Pacífico sur y las Islas Canarias.
El perfil analizado de G. australes mostró 44-metilgambierona. Sin embargo, los científicos no detectaron otras sustancias descritas con anterioridad en ejemplares del mar Mediterráneo.
La presencia de esta microalga en Cuba amplía su distribución geográfica conocida. A pesar del hallazgo, los expertos aclararon que esto no supone una emergencia sanitaria inmediata ni indica que todos los peces estén contaminados.
Detectan ciguatoxinas en otra especie cubana
Uno de los resultados principales fue la confirmación de C-CTX5 en una cepa de Gambierdiscus silvae. Dicha sustancia corresponde a una ciguatoxina relacionada con la intoxicación alimentaria conocida como ciguatera.
Las microalgas del género Gambierdiscus viven en ambientes marinos tropicales. Sus compuestos pueden entrar en la cadena alimentaria y acumularse en los peces que consumen las personas.
La ciguatera puede causar náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal. Asimismo, provoca hormigueo, debilidad muscular, pérdida de sensibilidad y alteraciones en la percepción de la temperatura.
Los cuadros más graves incluyen disminución del ritmo cardíaco y presión arterial baja. Las ciguatoxinas resisten altas temperaturas, por lo que la cocción habitual del pescado no garantiza su eliminación.
El estudio colaborativo ayudará a mejorar la vigilancia
En la investigación participaron especialistas del Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos, junto con instituciones de España y México. Los análisis combinaron herramientas moleculares, pruebas de toxicidad y técnicas químicas avanzadas.
Los resultados aportan datos valiosos para identificar las especies capaces de producir toxinas. Además, mejoran la evaluación del riesgo de ciguatera en la región.
Los autores consideran necesario ampliar los muestreos a otros sitios de Cuba, así como a diferentes profundidades y temporadas del año. Esta iniciativa forma parte del proyecto CIGUATOX, orientado al estudio de organismos productores de toxinas y al diseño de estrategias de mitigación.