Tras casi 22 años observando los eventos más lejanos y violentos del cosmos, el legendario observatorio espacial Neil Gehrels Swift de la NASA llega a su fin con una dramática e incontrolada reentrada a la atmósfera terrestre. La agencia espacial y la Fuerza Espacial de EE. UU. mantienen la máxima vigilancia sobre el aparato de 1.450 kilos, cuya desintegración al ingresar a velocidades orbitales dejará caer fragmentos de titanio y acero en una franja ecuatorial que abarca amplias zonas de América Latina. Entre el fallo de una inédita misión de rescate robótico, los efectos del incremento de la actividad solar y la baja probabilidad de impacto en zonas pobladas, el histórico telescopio se despide habiendo multiplicado por diez su vida útil prevista y dejando un legado invaluable de más de 12 terabytes de descubrimientos para la astronomía mundial.

Expertos astrofísicos de la NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos calcularon el área para la posible caída del observatorio Neil Gehrels Swift. El aparato pesa casi 1.400 kilogramos y cumplió casi 22 años de trabajo observando las explosiones más lejanas y violentas del universo.
La nave reingresará de forma incontrolada en la atmósfera en la madrugada del miércoles 4 de noviembre. Varias regiones de América Latina quedan dentro de la franja donde podrían caer los restos que sobrevivan al descenso.
El calor y la fricción desintegrarán la mayor parte de la estructura del satélite. Sin embargo, algunos fragmentos más densos podrían alcanzar la superficie terrestre.
La zona potencial para la caída abarca una franja alrededor del ecuador. Este corredor se ubica entre los 20,6 grados de latitud norte y los 20,6 grados de latitud sur. La banda reúne vastas extensiones de océano, pero también cruza sectores de América Central, el norte de América del Sur, África, India, Asia y Australia.
Entre los territorios latinoamericanos dentro del margen se encuentran Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil. También incluye zonas de Bolivia, Paraguay y el norte de Chile. Estar dentro del corredor no señala a estos países como puntos seguros de impacto.
La Fuerza Espacial de Estados Unidos estima el reingreso para las 3:30 de la madrugada (hora del este estadounidense) del 4 de noviembre. Ese horario equivale a las 4:30 en Argentina y las 5:30 en Colombia y Perú, con un margen de error de 11 horas. En una reentrada orbital, una diferencia de minutos modifica miles de kilómetros el área posible de caída. Por esta razón, ningún equipo de seguimiento señala una ciudad o país específico.
La baja inclinación orbital del satélite explica por qué Europa queda fuera de la zona de riesgo. Como la Tierra posee un 70% de superficie cubierta por agua, el escenario más probable apunta a una caída directa en el océano.
El astrofísico Brad Tucker explicó que la probabilidad de que una pieza caiga en tierra firme alcanza el 30%. Sin embargo, la NASA calcula que el riesgo individual de que una persona sufra daños equivale a una en 2.100. La cifra representa un riesgo muy bajo.
El reingreso no ocurre como una caída vertical. El observatorio avanzará a velocidad orbital y comprimirá el aire frente a su estructura. Este proceso eleva la temperatura y somete los componentes a fuerzas intensas. A unos 120 kilómetros de altura, el aire calienta el satélite hasta hacerlo brillar.
Los paneles solares y las antenas se desprenderán primero. Luego, a unos 78 kilómetros, el cuerpo principal se fragmentará. Dean Sladen, ingeniero aeroespacial, aclaró que gran parte del aluminio, el cableado y la electrónica se derretirá. En cambio, sobreviven las piezas de acero, titanio o vidrio, como las seis ruedas de reacción y partes de los espejos. Si alguien encuentra un objeto sospechoso, las autoridades recomiendan no tocarlo ni trasladarlo.
El intento de rescate y la aceleración por actividad solar
La caída de Swift no proviene de una decisión planificada. La NASA intentó extender la vida operativa de la nave mediante un rescate robótico desarrollado por la empresa Katalyst Space. El plan preveía enviar la nave LINK para capturar al telescopio y elevar su órbita.
Sin embargo, LINK sufrió fallas en su sistema de control de actitud y no pudo realizar la maniobra. Como consecuencia, Swift continuó su descenso gradual sin margen para recuperar altura.
En los últimos dos años, la alta actividad solar aceleró este proceso. La energía del Sol expande las capas altas de la atmósfera y genera más resistencia sobre los satélites de órbita baja. Swift perdió velocidad de forma progresiva hasta desestabilizar su orientación.
El legado científico de una misión histórica
Swift despegó desde Cabo Cañaveral el 20 de noviembre de 2004. La misión original preveía dos años de duración para estudiar los estallidos de rayos gamma. El satélite contaba con tres instrumentos complementarios: el Burst Alert Telescope (BAT), el X-Ray Telescope (XRT) y el Ultraviolet/Optical Telescope (UVOT).
Esta tecnología le permitía reorientarse con rapidez al detectar señales efímeras y enviar alertas a otros telescopios del mundo. Durante casi 22 años, el telescopio registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma y al menos 1.400 supernovas. También estudió agujeros negros, galaxias activas, cometas y asteroides. En 2018, la NASA rebautizó la misión en homenaje al astrofísico Neil Gehrels.
Shawn Domagal-Goldman, director en la sede de la NASA en Washington, destacó que la misión rindió más de diez veces el tiempo previsto. Aunque el observatorio se desintegre en su retorno, el archivo conserva cerca de 22 años de datos, más de 1,5 millones de imágenes y 12 terabytes de información disponibles para toda la comunidad científica.