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Murió Yayoi Kusama, la artista japonesa que pintaba para luchar contra una enfermedad mental y revolucionó la escena cultural

La creadora de las icónicas instalaciones de puntos murió en Tokio tras una vida marcada por la vanguardia, la lucha personal y el reconocimiento global.

Yayoi Kusama, la artista japonesa que transformó sus obsesiones y alucinaciones en un universo visual único, murió a los 97 años en un hospital de Tokio.

“Con profunda tristeza comunicamos el fallecimiento de Yayoi Kusama en un hospital de Tokio el 14 de agosto de 2026”, anunció su sociedad en un comunicado, en el que destacó su entrega total a la creación artística y su influencia en la vanguardia internacional.

“Continuó pintando hasta sus últimos días, sin apartar nunca el pincel, y continuó su exploración del amor eterno y del alma perpetua”, agregaron.

A lo largo de una carrera que abarcó más de siete décadas, Kusama se volvió inconfundible por sus motivos de lunares y la repetición obsesiva de patrones, una marca registrada que la llevó a exponer en los principales museos del mundo, entre ellos el Malba en una aclamada retrospectiva en 2013, Obsesión infinita.

Su obra, atravesada por la lucha contra la enfermedad mental, incluyó pintura, escultura, instalaciones, performance, narrativa y poesía.

Si dejo de pintar empiezo a sentir tendencias suicidas. Lucho contra mi enfermedad mental pintando todos los días”, declaró Kusama en un film realizado en 2013 por Martín Rietti en Tokio para promocionar la exposición del Malba.

De la vanguardia neoyorquina al reconocimiento mundial

Kusama nació en 1929 en la ciudad de Matsumoto, en el seno de una familia acomodada, y comenzó a experimentar con sus característicos puntos y redes a los 10 años, inspirada por una visión infantil que la marcó para siempre. “Un día, después de ver un mantel con flores rojas, empecé a observar el mismo motivo en todo el techo, las ventanas y las columnas. Llenaba toda la habitación, e incluso recubría mi cuerpo”, contó en su autobiografía.

En los años 50, Kusama estudió Bellas Artes en Japón y luego se instaló en Estados Unidos, donde se convirtió en figura clave de la vanguardia neoyorquina.

A pesar de la discriminación por ser mujer y japonesa en un país aún marcado por la Segunda Guerra Mundial, logró destacarse con sus provocadores happenings y performances en los años 60, donde la pintura corporal y los lunares fueron protagonistas.

Durante esa etapa, Kusama también lanzó una marca de ropa, fundó la llamada “Iglesia de la autodestrucción” y se autoproclamó “Gran Sacerdotisa de los Lunares”, llegando a oficiar una boda entre dos hombres, en una época de fuerte conservadurismo.

El regreso a Japón y la vida en el hospital psiquiátrico

En los años 70, Kusama regresó a Japón y tomó la decisión de internarse voluntariamente en un centro psiquiátrico de Tokio, donde vivió y trabajó hasta sus últimos días.

Desde allí, siguió produciendo obras que fascinaron al público y a los críticos, como sus famosas esculturas de calabazas —una de ellas exhibida en Naoshima, la “isla del arte”— y sus instalaciones inmersivas que atrajeron multitudes y alcanzaron cifras millonarias en el mercado del arte.

Según su propio sitio web, las “visiones y alucinaciones” de la infancia fueron el motor de sus primeros dibujos, basados en lunares y redes, que definieron su estilo inconfundible.

Seguiré haciendo mi arte hasta el día en que me muera, e incluso después de mi muerte, mi espíritu seguirá creando nuevas obras de arte”, afirmó alguna vez la artista que era fácilmente reconocible por su llamativa peluca roja y sus ropas de lunares.

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