La agencia sanitaria de la ONU, que tiene oficina en Irán y colabora con las autoridades locales en emergencias sanitarias, informó que recibió “múltiples reportes” de lluvia cargada de derivados del petróleo en los últimos días. Teherán amaneció el lunes cubierto por un denso humo negro después de que una refinería fuera alcanzada en una nueva escalada de ataques contra el suministro energético interno, en el marco de la campaña militar encabezada por Estados Unidos e Israel.
“La lluvia negra y la lluvia ácida que la acompaña son realmente un peligro para la población, principalmente a nivel respiratorio”, señaló en Ginebra el vocero de la OMS, Christian Lindmeier, al confirmar que Irán aconsejó a la ciudadanía no salir de sus hogares. Consultado sobre si el organismo respaldaba esa sugerencia, respondió: “Dado lo que está en riesgo ahora mismo —las instalaciones de almacenamiento de petróleo, las refinerías que han sido alcanzadas, provocando incendios y generando graves preocupaciones sobre la calidad del aire—, es definitivamente una buena idea”.
Videos enviados a Reuters por personal de la OMS mostraron a un trabajador limpiando un líquido negro acumulado en la entrada de la oficina del organismo en Teherán el 8 de marzo, presuntamente residuo de la lluvia contaminada, aunque la agencia de noticias aclaró que no pudo verificar de forma independiente las imágenes. Reportes locales describen gotas oscuras, con aspecto aceitoso, que mancharon vehículos, veredas y ropa, mientras expertos en calidad de aire advierten sobre la presencia de partículas finas y compuestos tóxicos propios de la combustión de hidrocarburos.
Los incendios en refinerías y depósitos de combustible liberan grandes cantidades de material particulado PM2,5, carbono negro, hidrocarburos aromáticos policíclicos cancerígenos, gases como dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, y metales pesados, según especialistas citados por medios internacionales.
La inhalación de estos contaminantes se asocia a irritación de vías respiratorias, crisis de asma, empeoramiento de enfermedades cardiopulmonares y, a largo plazo, mayor riesgo cardiovascular y oncológico, especialmente en niños, personas mayores y pacientes con patologías crónicas.




