22 de Septiembre: Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica y Aguda

El día 22 del noveno mes del año  se celebra el Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica y Aguda, que busca sensibilizar y concienciar a la población acerca del diagnóstico y tratamiento de este tipo de cáncer de sangre.

La Leucemia Mieloide Crónica (LMC), con una incidencia de 1,6 a 2 casos por 100.000 habitantes por año, es un cáncer en el que la médula ósea (ese tejido esponjoso encargado de fabricar las células de la sangre) produce demasiados granulocitos, un tipo de glóbulo blanco.

Cuando el recuento de glóbulos blancos hace sospechar que se está ante un caso de LMC, debe realizarse un estudio minucioso para detectar la presencia del “Cromosoma Filadelfia”.

Esta patología es el primer cáncer en el que gracias a la investigación se descubre esta alteración cromosómica característica.

Los cromosomas 9 y 22 intercambian material genético, dando como resultado el cromosoma 22 anómalo o cromosoma Filadelfia, por la ciudad donde se descubrió. De este cromosoma se forma un gen anormal, un oncogén llamado BCR-ABL, que es el que genera una enzima que causa que las células leucémicas proliferen.

En la leucemia crónica, las células maduran parcialmente. Estas células no son normales, aunque puedan parecerlo. Por lo general, no combaten las infecciones tan bien como los glóbulos blancos normales y viven más tiempo, se acumulan y sobrepasan en número a las células normales en la médula ósea.

Desde hace 15 años se utiliza como tratamiento estándar los inhibidores de tirosina-cinasa (ITK), un tratamiento oral que, en el momento en que se hace la translocación 9;22 (la alteración típica de esta enfermedad), pone en contacto dos genes (BCR-ABL1) que normalmente no van juntos y que, al juntarse, originan una proteína inexistente hasta ese momento en la que se une específicamente este fármaco, permitiendo “atacar” sólo las células tumorales.

Este ha sido el tratamiento más espectacular visto en una enfermedad oncológica de la sangre. Antes de su aparición, muchos pacientes debían someterse a un trasplante de médula ósea, con la toxicidad y riesgo que éste conlleva.

Gracias a los nuevos medicamentos, la enfermedad puede cronificarse sin grandes efectos secundarios para la mayoría de los enfermos.

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